jueves, 19 de febrero de 2015

12 ¿Te puedes suicidar?

Creepypasta 12: ¿Te puedes suicidar?


Que se puede esperar cuando llegamos a la muerte para escapar de la larga y tortuosa vida según tu visión del mundo personal que tienes, ¿Una simplona libertad? no tienes ni idea de lo que te espera tras terminar repentinamente esa patética existencia terrenal que le quieres dar fin con una de las formas mas bajas que el ser humano a sido capaz de registrar en la conciencia de nuestra civilización tan joven, el suicidio.

Lo intentaba... maldita sea, como lo intentaba. Tenia el arma ahí, una calibre 9mm, el cargador solo tenia una bala, siempre tenia una única bala, limpia, como si nunca hubiera estado ahí, como si estuviera hecha especialmente para mi. Cada vez que la tomo, un tacto celestial que no puede ser igualado por una tela de seda pura... la miro, color negro y un olor a pólvora fresca que llega a ser placentero como si calmara mi alma. No reflexiono sobre mi estado actual y desconozco los motivos que tengo, pero la ansiedad me supera y en un ataque nervioso en medio de un grito desgarrador tomo la culata del arma, con fuerza me apunto en la boca, apuntando hacia arriba para que acabe con los componentes que conforma mi cerebro y luego sin pensar jalo del gatillo que creo que le puede dar algo de libertad a mi alma... y sigo desconociendo los motivos, porque no los recuerdo... sigo sin reflexionar sobre a que me llevo a estar aquí, porque no me importa... sigo mintiéndome de que cambiara algo auto-dispararme el cráneo, porque sigue siendo mi único deseo... Aparezco en una habitación cerrada, sin ninguna puerta, ni si quiera una ventana. Las paredes están de un color blanco huevo con un piso de madera... y en el centro... una pistola 9mm, y yo en una esquina desnudo de esta habitación fría... no hay luz, pero aún así puedo ver el arma en el centro de este cuarto, cargada... ¿Porque siempre debe estar cargada?... ¡¿PORQUE?!... me desespere, rasgue las paredes, pero no era madera, ni piedra, ni cemento, no estaba pintada, es más, no tenia color... pero la seguía rasgando, aunque mis uñas estaban partidas y separadas de mis dedos, aunque no tuviese piel, aunque la sangre manchara la pared y el suelo en donde no me movía, aunque el dolor de mi alma fuera tan grande que hacia soportar el desgarro de mis tendones chocando con la pared impenetrable.