Creepypasta 11: Mi hermoso hogar
La mente humana tiene capacidades asombrosas que nos permite viajar a otros mundos gracias a fuerzas externas que por probabilidades del destino nos gasta una broma de mal gusto a un punto que fácilmente nos puede dejar un trauma. Los sueños, el mundo que nos muestra una obra literaria o los recuerdos del pasado que nunca nos pensara abandonar.
Nunca en mi vida entera me llegue a sentir cómodo con mi familia, a pesar que mi padre me ayudo a tener educación aunque mi madre estuviera en contra ya que ella tuvo que trabajar a mi edad, tenia 7 años cuando comencé la básica. Mi único hermano había desaparecido a los 17 años al intentar obtener un trabajo sencillo, pero cuando dijo que tenia que trabajar a la ciudad capital de la provincia mi madre enloqueció de ira, lo abofeteo y simplemente le llamo bastardo de mierda, como si la muy perra le hubieran cortado una mano... mi madre era demasiada conservadora para los años 90.
Ya al crecer y volverme un adulto con trabajo como administrador de una empresa constructora y mi propio hogar, decidí ir de visita al viejo hogar de mis progenitores ya que llevaba una semana sin recibir una carta de mi padre, no podía llamarlo, incluso si le daba un celular a mi padre, mi madre lo tiraba o lo quemaba un su chimenea. Venia contento por todo el camino ya que quería ver a mi querido padre, fue el único que me apoyo para seguir estudiando y obtener un buen trabajo, mi madre estuvo apunto de desconocerme, pero por alguna razón no lo hizo. Llegue, no había cambiado nada desde la última vez que vine, bueno no, desde que me fui a la universidad gracias a la beca que obtuve, baje del auto y me dirigí hacia la puerta de ese hogar que me lleno de recuerdos, desde los momentos que mi madre me obligaba a comer su sopa de verduras hasta el día que abrace a mi padre y le prometí enviarle y recibir cartas por cada semana, lo recordé todo en todo el tiempo que me tomo llegar a la puerta de mi antigua casa. Toque la puerta como una simple reacción natural esperando una respuesta de mi padre quien siempre recibía a las personas con una sonrisa... nada, un silencio como cuando llegue en mi auto... volví a tocar, pero esta vez pregunte
¿Hay alguien ahí?, ¿Hola?, intente abrir la manilla de la puerta, estaba abierta. Volví a preguntar
¿Hola?, nada, solo un silencio... fui a la cocina pensando que mi madre estuviera cocinando. Al llegar, no había nada, solo la luz que escapaba de la ventana, pensé
¿Podrían estar durmiendo? puede ser esto... Camine hacia la habitación de mis padres, me sorprende que no estuviera la cama, o los muebles... o las ventanas... escuche una tetera hervir, pero ya estaba dando su pitido característico, pregunte:
¿Mamá?, no hubo respuesta, solo camine de nuevo hacia la cocina... la vi, cortando un pepino en partes, pero no le pude ver su rostro debido a que su cabello estaba muy abultado, le dije
¿Mamá?, soy yo Dunckan, tu hijo... pero un voz muy fría, grave y sin emoción alguna, responde ¿
Dunckan?, ¿Que carajo haces aquí?, con esa voz tan horrible que hirió una parte de mi corazón, decidí responderle: Vine a ver a mi padre, dejo de enviarme cartas, por lo que me pregun...
Le deje de darle las cartas,un imbécil como tu padre no merece tener algo de cariño... Me interrumpe como si nada, me enoje:
¡Como te atreves a llamarlo así!, ¿Como eres capaz de hacer algo así? Pero no responde... le grito:
¿Donde esta?, ¡Quiero verlo! Casi llorando, casi se me caían las lagrimas del dolor que me producía sus palabras... fue tanta la emoción que no me daba cuenta que las paredes estaban ardiendo, incluyendo el piso, y el techo infinito que parecía no verlo. Seguí preguntando hasta que me di cuenta de que su brazo tenia púas que atravesaban su carne como si salieran dentro del musculo, ella me dijo:
¿Por que él no se vino conmigo?, maldito traidor de mierda, ¡Igual que tú!, retrocedí, me di la vuelta tratando de encontrar una salida... un vació, un vació total que solo podía ver una fuerte oscuridad que parecía penetrar su alma, no se con que otra cosa podría describirlo. Vuelvo a mirarla, pero esta vez ella también me miraba fijamente, y con ese rostro sin piel y esa sonrisa que solo se podía distinguir con lo poco que le quedaba de musculo, intenta decir:
¡No te quedara mucho para que te quedes encerrado conmigo al igual que tu hermano!, ella se aparta al lado para mostrarme algo, era él... mi hermano, como un niño de 10 años, pero no estaba contento, le dolía, yo lo sabia por su expresión y esa mirada de sufrimiento que mostraba esos cuencos sin fondo que conformaba su rostro gris... con parte del cuerpo mordidas como si un animal gigante se lo hubiera provocado, vuelvo a mirar a mi madre y me enseña los dientes afilados como los de un demonio con esa sonrisa enfermiza.

Despierto abrazado a la silla, musgosa y llena de polvo que al moverla, haciendo que el polvo vaya al aire, casi me ahogase. Salí de mi casa atravesando la cinta de la policía que aveces se pone en casos de homicidio, y volviendo a mi auto diciéndome a mi mismo
Siempre se me olvida que ellos ya están muertos...